Caracterización

Los procesos educativos, en general, y didácticos, en particular, se encuentran fuertemente condicionados por las características psicológicas, afectivas y sociales propias del alumnado del ciclo en el que tienen lugar. Para caracterizar cada uno de los ciclos de la Educación Primaria es necesario tener en cuenta dos vías de información, procedentes del campo de la psicología, imprescindibles antes de acometer la actuación pedagógica en el aula, con objeto de adecuar esta intervención al momento evolutivo y de aprendizaje del alumnado a quien se dirige:

– La concepción del aprendizaje de la que se parte.
– Las características evolutivas de los alumnos y alumnas.

Por lo que se refiere al primer punto, ya ha quedado suficientemente explicado, tanto en los apartados de carácter general, como en los que desarrollan las áreas de este proyecto curricular. Se basa el aprendizaje en la concepción constructivista, enfoque que implica contar con las ideas previas que posee el alumnado y darle participación activa y protagonista en la elaboración de otros aprendizajes, ya que es la propia persona la que construye e incorpora nuevos contenidos mediante su actividad y experiencia significativas sobre ellos. No obstante, como ya se ha indicado, este punto queda suficientemente tratado a lo largo de este proyecto curricular.

En consecuencia, es necesario centrarse en las características psicopedagógicas (evolutivas y de aprendizaje) del alumnado que se encuentra en el primer ciclo de la Educación Primaria, con edades comprendidas entre los seis y los ocho años, mayoritariamente. Por lo tanto, se señalan a continuación las peculiaridades consideradas más relevantes en los alumnos y alumnas del primer ciclo, para fundamentar la posterior actuación del profesorado en el aula. Así, los niños y niñas de seis a ocho años:

  •  Se encuentran en un estadio de operaciones concretas, lo cual supone la necesidad de manipular (los objetos, el lenguaje…) para alcanzar los conceptos que se proponen, aunque éstos sean aún muy elementales.
  • Hacen girar la realidad en torno a su propia actividad.
  • Identifican y manejan símbolos y signos, lo que les permite aprender e incorporarse a códigos convencionales.
  • Tienen conciencia de la permanencia del objeto, de sus cualidades y de la importancia de sus cambios. Por ello, se hace posible trabajar sobre nociones físicas y matemáticas y con procesos cíclicos de transformación.
  • Disponen de un pensamiento sincrético y analógico, lo cual significa que relacionan los elementos por yuxtaposición, perciben globalmente la realidad, establecen analogías sin realizar análisis y no efectúan deducciones, procediendo inductiva e intuitivamente.
  • Poseen una inteligencia “práctica”, por lo que conocen a través de su experiencia personal y cotidiana, aunque evolucionan progresivamente hacia la lógica.
  • Van adquiriendo paulatinamente el pensamiento causal, que les facilita la explicación de los hechos y la superación del subjetivismo y egocentrismo intelectual que marcaba momentos anteriores. De esta forma, establecen la separación existente entre el yo y el exterior,  de cuyo contraste surgirá el nuevo conocimiento del entorno.
  • Desarrollan la capacidad de atención y observación.
  • Poseen una gran curiosidad intelectual, que los lleva a preguntar insistentemente “¿por qué?”, hasta los siete años, aproximadamente. Parece demostrado que estos “por qué” se encuentran a mitad de camino entre la causa y la finalidad, siendo normalmente satisfactoria cualquier contestación.
  • Evolucionan en la función de representación, llegando a la concepción del espacio y el tiempo, aunque de forma elemental y ligada a sus experiencias mentales.
  • Dominan la motricidad fina, el sentido de la lateralidad, su propio esquema corporal, etc. Esto les facilita la adquisición del aprendizaje lecto-escritor, fundamental para los restantes y posteriores aprendizajes.
  • Desarrollan funcionalmente el lenguaje, que influye de modo determinante en la estructuración de su pensamiento.
  • Se desenvuelven básicamente en la vida social, pues ya disponen de los hábitos necesarios para ella. Entienden y respetan las normas de convivencia.
  • Amplían su proceso de socialización: se relacionan con los demás respetando reglas, son capaces de escuchar a los otros, pueden colaborar en el trabajo, etc.
  • Responden positivamente a la emulación.
  • Evolucionan hacia posturas de autonomía moral, aunque todavía fuertemente condicionados por la heteronomía de sus sentimientos en este campo.

Los rasgos destacados son bastante comunes, a pesar de que pueden aparecer en mayor o menor grado, pues la evolución no supone saltos bruscos de un estadio a otro, sino la maduración paulatina dentro del marco de un todo continuo, y cada sujeto progresa en función de muchos y muy complejos condicionantes, tanto externos como internos.

Por ello, el profesorado deberá esforzarse en conocer individualmente a cada uno de sus alumnos y alumnas, pues del momento evolutivo en que se encuentren dependerá lo adecuado de un planteamiento didáctico u otro en el aula, para alcanzar los objetivos propuestos en este primer ciclo.

Como ya quedó expuesto en la caracterización del primer ciclo de la Educación Primaria, para desarrollar adecuadamente un proceso educativo deben tenerse en cuenta tanto la concepción psicológica del aprendizaje de la que se parte -que informará cualquier intervención del profesor o profesora en el aula-, como el momento evolutivo en que se encuentra el alumnado de la etapa y ciclo al que se dirige la enseñanza.

La concepción del aprendizaje en la que se fundamenta este proyecto curricular es la constructivista, que coloca a los alumnos en un papel de protagonistas en la elaboración de los nuevos aprendizajes, aspecto que también ha quedado suficientemente expuesto a lo largo de estas páginas.

Por tanto, en este apartado se comentan, preferentemente, las características evolutivas del alumnado del segundo ciclo de la Educación Primaria, cuyas edades oscilan entre los ocho y diez años. No obstante, antes de formular algunas de las peculiaridades específicas de estos niños, se debe dejar claro que su desarrollo constituye una secuencia continuada, sin interrupciones bruscas ni saltos de un ciclo a otro, aunque los diferentes estudiosos del tema designen con denominaciones concretas cada estadio por el que transcurre esta evolución.  Así, el paso de un momento evolutivo a otro no ocurre de igual manera ni en la misma edad en todo los sujetos, aunque sí de forma aproximada, lo que permite singularizar cada edad con matizaciones diferenciadas, aunque se sea consciente de que en toda la Educación Primaria predominan las mismas características psicológicas, afectivas y sociales, que se modifican paulatinamente según pasan los años. Estas características varían en profundidad entre el inicio y el final de la etapa de Educación Primaria, momento en el que el alumnado alcanza, por lo general, el estadio de operaciones formales, que supone cambios decisivos en su forma de aprender y relacionarse.

Después de estas observaciones, se señalan a continuación las peculiaridades consideradas más relevantes en los alumnos y alumnas del segundo ciclo, y que fundamentan la actuación en el aula. Así, los niños y niñas de ocho a diez años:

  • Se encuentran en las edades típicas del “colegial”. Algún autor lo ha denominado como “edad de oro de la infancia”: son niños sin grandes conflictos evolutivos, tranquilos; les gusta jugar y relacionarse con sus compañeros; son fáciles de estimular: todo les interesa; su relación con los profesores no presenta dificultades: obedecen y colaboran en cuanto se les propone.
  • Continúan en el estadio de operaciones concretas, lo cual les obliga a manipular (los objetos, el lenguaje…) para alcanzar los conceptos que se proponen y que van aumentando en complejidad.
  • Se vuelcan hacia la realidad exterior, saliendo del yo que predominaba en los años anteriores.
  • Manejan con soltura los símbolos en sustitución de las cosas (dibujos, gráficos…), lo que facilita y permite desarrollar sus aprendizajes.
  • Comienzan a realizar reflexiones sistemáticas sobre las actividades que llevan a cabo, por lo que intentan ordenar, clasificar y comparar.
  • Son capaces de formar, progresivamente, conceptos de número, espacio, tiempo o velocidad cada vez más abstractos, en vías de llegar a las operaciones formales propiamente dichas.
  • Utilizan, en muchas ocasiones, más la memoria que la inteligencia para aprender, por lo que es conveniente favorecer las situaciones de experimentación y manipulación, de manera que adquieran realmente nuevos esquemas y formas de relacionar los aprendizajes anteriores y no se limiten a una memorización mecánica y automática.
  • Comprenden el sentido de las palabras abstractas y de nexos complejos, utilizando ya diferentes tipos de conjunciones (pero, aunque, sin embargo…) correctamente, para completar sus frases.
  • Tienen adquirida una cierta experiencia de la vida y las costumbres habituales, lo que les permite distinguir lo incoherente, lo ridículo, lo absurdo…, y, por ello, captan el humor de las situaciones reales, las narraciones, los chistes…
  • Son capaces de elaborar un espacio objetivo, desligado de la relación directa con ellos mismos.
  • Progresan ostensiblemente en su dominio de la lectura, escritura y cálculo, aunque todavía tienen dificultades para la ortografía y el análisis de las categorías gramaticales.
  • Se independizan progresivamente de los adultos, tanto para buscarse sus propios juegos y diversiones, como para “salir de apuros” de modo autónomo. Esto lleva a una mayor autonomía en la relación con sus padres.
  • Comienzan a abandonar la moral familiar por la moral del grupo de sus compañeros, lo que puede generar cierta agresividad hacia los adultos en el primer año de este ciclo. Habitualmente, en seguida se adaptan y colaboran en el trabajo que propone el profesor o profesora, de forma dócil y sin plantear problemas.
  • Tienen una gran vitalidad: juegan, se pelean, hablan todos a la vez, se entusiasman, compiten… Es éste un campo en el que es posible desarrollar una interesante acción educativa, centrando la actividad del alumnado.
  • Manifiestan gran interés por lo que ocurre fuera de la familia. El compañerismo es típico de estas edades y la pertenencia al grupo es el núcleo vital en torno al cual se desenvuelven sus actividades.
  • Adquieren cierta flexibilidad en sus criterios morales: la ley ya no es tan rígida y absoluta, sino que su adecuado o inadecuado cumplimiento puede interpretarse en función de las intenciones de los que la deben obedecer.

Los rasgos destacados son básicamente comunes, como ya se indicaba en el primer ciclo, a pesar de que pueden aparecer en mayor o menor grado, según los condicionantes personales y socioculturales de cada alumno y alumna. Sin embargo, conviene tenerlos en cuenta porque, de forma general, servirán como apoyatura para la actuación en el aula. Resulta imprescindible, no obstante, el conocimiento de cada componente del grupo, con objeto de individualizar el currículo de acuerdo con las características de los alumnos que asi lo precisen.

Continuando con la pauta marcada en los ciclos anteriores, se insiste en la necesidad de tener clara la concepción del aprendizaje que sirve como fundamentación para la intervención didáctica en el aula (la constructivista, en este proyecto curricular), al igual que la importancia de conocer las características evolutivas del alumnado al que se dirige esa acción educativa para poder desarrollar adecuadamente los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Si hay que destacar algo importante en este tercer ciclo de la Educación Primaria es, sin duda, su carácter terminal dentro de la etapa en que se encuentra. Ello va a marcar el modo de hacer en el ciclo, tanto del profesorado como de los alumnos y alumnas, pues, quiérase o no, el finalizar una etapa educativa lleva consigo alcanzar o no los objetivos previstos en ella y, por tanto, la determinación de suficiencia o insuficiencia de los aprendizajes adquiridos -a pesar, por supuesto, de la continuidad de todo el alumnado en la educación obligatoria.

Una de las metas de este tercer ciclo será llegar a la Educación Secundaria en las mejores condiciones para garantizar su superación sin dificultades. Ello puede significar una mayor presión y esfuerzo para todos los participantes en el mismo, ya sean docentes o discentes, lo que es posible evitar si a lo largo de los ciclos de la Educación Primaria se han ido alcanzado los objetivos propuestos.

Desde el punto de vista psicológico se hace imprescindible destacar la llegada del alumnado al estadio de operaciones formales en torno a los doce años, es decir, durante el curso final de este ciclo. Esto significa que los estudiantes poseen una capacidad de abstracción en grado suficiente como para poder manejar ya todo tipo de conceptos sin necesidad de la concreción y manipulación a la que se veían sometidos hasta este momento.

No obstante, considerando que la evolución es algo continuo, no mecánico y diferente en cada persona, hay que tener en cuenta que el último curso de este tercer ciclo resultará de transición para la mayoría del alumnado: unos habrán entrado de lleno en el estadio de operaciones formales, mientras otros lo irán alcanzando a lo largo del año o, incluso, pueden hacerlo en el curso siguiente. Es una complejidad con la que hay que contar.
Hechas estas aclaraciones, se señalan las características evolutivas y de aprendizaje de los alumnos y alumnas del tercer ciclo de la Educación Primaria, cuyas edades oscilan entre los diez y los doce años:

  • Alcanzan el estadio de operaciones formales, lo que supone para ellos la posibilidad de manejar conceptos sin necesidad de relacionarlos directa y concretamente con la experiencia sensible.
  • Son capaces, por tanto, de generalizar los aprendizajes adquiridos y relacionarlos con situaciones ajenas a su realidad.
  • Trabajan rigurosamente con el lenguaje de los símbolos sin necesidad de referencias empíricas.
  • Realizan deducciones lógicas.
  • Elaboran conocimientos sistemáticos, pudiendo llevar a cabo experimentaciones cortas y de ejecución no excesivamente compleja.
  • Acceden al pensamiento causal, lo que hace desaparecer el animismo y egocentrismo propios de estadios anteriores.
  • Manejan conceptos mensurables de espacio y tiempo.
  • Dominan perfectamente el lenguaje verbal, lo que les permite, a su vez, organizar adecuadamente el pensamiento mediante sus funciones de comunicación, representación y regulación de conductas.
  • Son capaces de reflexionar sobre su propia actividad en todos los órdenes, y también en los nuevos contenidos que van adquiriendo. Así, pueden profundizar en conocimientos teóricos (sobre lengua, matemáticas, ciencias, etc.) antes inalcanzables.
  • Se desarrollan físicamente de forma importante, por lo que continúa siendo decisivo para ellos el ejercicio físico, el deporte, los juegos…
  • Continúan independizándose de los adultos, resultando fundamental para ellos su inclusión en grupos de iguales.
  • Colaboran con el profesorado en sus trabajos de aula sin mayores dificultades, pues, como ya quedó apuntado, no presentan, en general, graves problemas de adaptación interna ni de socialización.
  • Son sensibles a los estímulos de los demás, por lo que es un momento educativo de gran interés para despertar las actitudes positivas en función de su formación futura e integración social apropiada.
  • Desarrollan estrechos lazos de amistad entre compañeros.
  • Evolucionan gradualmente hacia posiciones superiores de autonomía moral, con criterios propios para juzgar sus actuaciones personales.
  • Crean, paulatinamente, su autoconcepto, mediante la valoración de su imagen ante sí mismos y ante los demás. Para ello tiene gran importancia el concepto que los adultos (el profesorado, en este caso, es decisivo) tienen de ellos y los ponen de manifiesto.
  • Van diferenciándose en sus intereses, necesidades y gustos personales, lo que hay que tener en cuenta para llevar a cabo la adecuación curricular pertinente mediante los recursos que se consideren apropiados.

Estos son los rasgos más comunes y generales para el alumnado del tercer ciclo, con la advertencia, ya hecha anteriormente, de que pueden aparecer en mayor o menor grado, según los condicionantes personales y socioculturales de cada alumno y alumna. Hay que recordar, nuevamente, que la incorporación al estadio de operaciones formales se producirá, paulatinamente, en diferentes momentos para cada estudiante a lo largo del último año del ciclo, lo que aconseja plantear objetivos en las programaciones de aula que sean generalizables y sin excesiva dificultad para la mayoría del alumnado.